Poetas europeos

Llegar a Ítaca

Constantino Kavafis

Constantino Kavafis, autor de “Ítaca”. Ilustración por: Néstor Priest.

Cuando estaba en mis últimos años de colegio, allá por el final del milenio, conocí a un poeta griego llamado Constantino Kavafis. Me lo presentó María Teresa, mi última profesora de español escolar. Por esos días tuve la oportunidad de ir a la Feria del Libro y, vaya casualidad, terminé comprando un libro de poemas de este autor.

Una de las composiciones que más me impresionó fue un poema llamado Itaca. En este, Kavafis toma el motivo del viaje, el mismo que emprendió Ulises al terminar la guerra de Troya para regresar a su hogar, la isla de Ítaca, para hacer un paralelo con la vida de los seres humanos comunes y corrientes. Para proponer que el destino de la vida no es la llegada a un punto final, sino todo lo que sucede mientras dura.

Pocos años después, cuando cursaba mi carrera de Estudios Literarios en la Universidad Nacional, le pasé este poema a un gran amigo, William A. Gómez, para compartirle algo de lo que más me gustaba leer. En ese momento no supe que William también se sintió atraído por el poema pues estaba estudiando griego, y que más adelante habría de usarlo en sus clases como profesor de historia del arte.

Cuento todo esto porque irónicamente el poema, William, Ítaca y yo quedamos conectados para siempre. El 2 de junio de 2010, a los 29 años, William murió apuñalado en medio de una calle a pocos metros de su casa. Me enteré por casualidad. Decidí entonces buscar en Facebook para saber si era cierto, si alguien podía desmentir esa información. Por el contrario, me encontré con fotos de él en diferentes momentos de su vida, con mensajes de despedida de sus amigos y con toda clase de recuerdos que empezaron a aparecer.

Entre ellos, un antiguo alumno suyo subió un audio a Youtube en el que se oye la voz de William leyéndoles un poema a sus estudiantes antes de terminar la clase. El poema es Ítaca, de Kavafis. Además de la sorpresa y de la nostalgia que esto me produjo, sentí la necesidad de volver a leerlo. Recordar por qué, en algún momento de mi vida, había creído que compartir este poema con un amigo me permitía enriquecer mi experiencia estética.

El poema habla del viaje. De Ítaca como un destino pero, sobretodo, como una razón para vivir. Desde ese momento, el día que encontré ese poema en la voz de un amigo que ya no está, decidí que mi camino sería el de Ulises. Llegar a Ítaca no me importaba tanto como vivir el viaje. Enfrentarme a los obstáculos de la vida. Caminar. Sentir. Compartir más. Escuchar. Seguro cuando llegue a Ítaca y William esté allá, me daré cuenta que las riquezas de la isla estaban en cada decisión que tomé.

Acá, ese pequeño recuerdo que guardo de William. El nuevo y amoroso motivo de mi viaje. Primero el texto, después el audio.

Ítaca

Cuando salgas de viaje para Ítaca,
desea que el camino sea largo,
colmado de aventuras, de experiencias colmado.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al irascible Posidón no temas,
pues nunca encuentros tales tendrás en tu camino,
si tu pensamiento se mantiene alto, si una exquisita
emoción te toca cuerpo y alma.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al fiero Posidón no encontrarás,
a no ser que los lleves ya en tu alma,
a no ser que tu alma los ponga en pie ante ti.

Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que –¡y con qué alegre placer!–
entres en puertos que ves por vez primera.
Detente en los mercados fenicios
para adquirir sus bellas mercancías,
madreperlas y nácares, ébanos y ámbares,
y voluptuosos perfumes de todas las clases,
todos los voluptuosos perfumes que te sean posibles.
Y vete a muchas ciudades de Egipto
y aprende, aprende de los sabios.

Mantén siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero no tengas la menor prisa en tu viaje.
Es mejor que dure muchos años
y que viejo al fin arribes a la isla.
Rico por todas las ganancias de tu viaje,
sin esperar que Ítaca te va a ofrecer riquezas.

Ítaca te ha dado un viaje hermoso.
Sin ella no te habrías puesto en marcha.
Pero no tiene ya más que ofrecerte.

Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha burlado.
Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia,
ya habrás comprendido el significado de las Ítacas.

(Traducción: Ramón Irigoyen. Seix Barral, 1996)