Fotos

Un día una mujer

Me encontré en Nueva York con un almacén enorme donde se vende todo tipo de objetos usados. Un lugar para comprar recuerdos pasados de moda, adornos de otras décadas, vajillas que alguien no quiso usar más, muñecas con un solo ojo, teléfonos sin número…

Entre la innumerable colección de cosas desechadas me topé con dos cajas de madera llenas de fotos familiares. Me sorprendió que eso se pudiera vender. ¿A quién le puede interesar comprar fotos de familias que no son la suya, recuerdos de un paseo que no hizo o de un cumpleaños que nunca celebró?

¿Por qué le llamaría la atención a alguien comprar una foto que en apariencia no le despierta ningún sentimiento, añoranza o saudade?

Decidí meter la mano en la torre de fotos y de pronto se me coló entre los dedos el retrato en blanco y negro de una mujer. Instantáneamente supe que quería comprarla pero no puedo explicar por qué. No sé si fue su cartera, el ángulo en que se tomó o el fondo. No sé si fue su expresión o su cartera.

Ahora quiero saber su historia. Qué día era. Cómo se llamaba ella. Por qué alguien consideró que valía la pena gastar una toma del rollo en ese preciso instante. Quién tomó la foto. ¿Entraría al teatro?

Foto de una mujer

Entre las miles de posibilidades, esta fue la foto que decidió encontrar mi mano.

Aún más, quiero saber qué historia se les ocurre a ustedes. Si la foto fuera suya, ¿qué recuerdo les traería a la mente? ¿Quién era ella y por qué estaba ahí?

Los invito a que compartan con El Lápiz Hambriento su historia familiar de esta imagen y que les cuenten a sus amigos para que ellos también lo hagan. Así veremos cuántos posibles recuerdos puede suscitar algo que nunca fue nuestro, hasta hoy.

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