Mes: octubre 2015

2010-2015: “El Doctorado”

Happy Mantra

Aunque ya está un poco gastada, esta es la camiseta que conseguí en agosto de 2014 en un mercado de granjeros.

2010-2015. Fueron cinco años que en este momento siento que pasaron muy rápido. Cursos sobre mapas del siglo XIX, sobre la relación entre los tamales y la revolución mexicana, sobre aves disecadas en museos de historia natural o sobre los uniformes de los juegos olímpicos y su relación con el nacionalismo.

Cinco años que en agosto de 2010 parecían infinitos, un camino sin recorrer y sin saber que los tamales tendrían alguna relación con la revolución mexicana. Y aún así, hoy, octubre de 2015, recibí un papel a manera de pergamino que me acredita como alguien que puede llegar a saber de esas cosas: de tamales, mapas y uniformes ideológicos para olimpíadas. Pero por favor, no me pregunten de eso, que de pronto tendré que mirar en Wikipedia.

Hace un año, en septiembre de 2014, mientras recorría con María Mercedes un mercado de granjeros en Providence, nos encontramos con un puesto en el que vendían camisetas. Todas tenían el mismo estampado. “¡Qué extraño!”, pensé, “el vendedor no está interesado en diversificar”. La camiseta, que aún conservo, dice: “Soy feliz, soy creadora, soy libre”. La compré como un suvenir, pero con el tiempo me he dado cuenta que es la perfecta definición de lo que soy y quiero seguir siendo: feliz, creadora y libre.

Volvamos a esas cosas que aprendí durante los 1.826 días en que estuve como estudiante del doctorado. A los días de emoción ante un manuscrito antiguo, ante el desasosiego de no entender conceptos y metodologías extrañas, a sentir que no sería capaz de terminar, a haber terminado. Todas las horas que pasé frente al computador, todas los nombres que encontré por primera vez y todas las visiones de mundo de mis compañeros y profesores parecían constituir el contenido de lo que se entiende por un doctorado. Pero ahora me doy cuenta de que no estudié para saber más, sino para descubrir lo infinita que es la capacidad de los seres humanos de crear cosas nuevas. De imaginarse el mundo de otra forma.

Este título que recibo hoy no me acredita, en realidad, como una “doctora en historia”. Es solo una prueba, como las hay de muchas otras formas y colores, de que viví conscientemente cada uno de esos 1.826 días, sintiendo que estaba donde tenía que estar, que estaba cumpliendo un sueño y que estaba asumiendo, con toda la responsabilidad que conlleva, las ganas de ser feliz, de crear y de ser libre. Sin embargo, el título que recibí hoy no es el fin de este camino, de ese anhelo.

Ahora más que nunca estoy convencida de que la felicidad significa hacer lo que quiero, de ser honesta conmigo misma y con quienes me rodean y de agradecer por las cosas más sencillas de la vida: por tener tanta gente con quien celebrar este día, por tener mi cuerpo completo, por tener un corazón, por querer aprender cosas nuevas, por adorar la comodidad de mi almohada, por sorprenderme con la idea de que una personita chiquita como Guadalupe tiene también sus propios horizontes y alegrías.

Mi veradero diploma es mi felicidad, mi libertad, mi capacidad de imaginar. Es este camino que recorro todos los días al lado de María Mercedes, de mi madre, mi padre y mis hermanos, mi familia política y extensa y este círculo enorme y diverso de amigos que me acompaña hoy. También de todas esas personitas chiquitas que van cruzándose en mi camino. Gracias por las palabras y las sonrisas que cada uno me ha dado en algún momento. Por saber perdonar mis ausencias e interesarse en mis libros raros del siglo XIX, por quererme con una mirada, una llamada o un silencio, por reírse conmigo de algo sin relevancia. Todos estos detalles son también piezas fundamentales de esto que celebramos hoy: la felicidad, la creación y la libertad.

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